Editorial

Medicina a la defensiva. Todos somos culpables.

La reforma de la salud en Uruguay implicó varios cambios, entre ellos el cambio por el cual el paciente pasa a ser el centro del sistema de salud en conformidad ademas con la ley del consumo.
De acuerdo con este cambio la gestión del sistema y la de los prestadores debe enfocarse en las necesidades del cliente de la salud.
Esto significa que la relación médico paciente pasa de ser hegemonica y paternalista a horizontal y de sinergia, de una posición dominante a una relación de agencia y de alianza terapéutica, privilegiandose asi los derechos del paciente con una fuerte perspectiva de justicia.
Esto debiera ser del conocimiento y de dominio de los equipos de salud y de los equipos de gestión…pero lo será?
De hecho, hace más de 30 años que se instaló en nuestro medio un estilo de práctica profesional: la medicina la defensiva.
Apareció, creció, se consolidó, se instaló en el ADN de la comunidad médica y hasta en el propio de las empresas de salud, tanto que incluso hoy es promovida por algunos directivos y altos ejecutivos de Emergencias Móviles.
El objetivo de esta modalidad lítica de ejercer la medicina es creer que es posible sustentar la hipótesis, nunca demostrada, de que cuánto más servicios, más prestaciones, más exámenes, más tiempo de internación, más radiografías y más tomografías o ecografías menor el riesgo de judicialización.
Y la judicialización no pasa por allí, la mala praxis no pasa por el sobreuso de los servicios ni por blindar la medicina de la justicia con una coraza de exámenes y procedimientos.
La mala praxis definida en términos de impericia, imprudencia y negligencia, remite a las relaciones funcionales entre médico y paciente, no hace referencia al buen o mal uso de los recursos.
De hecho, más medicina y más servicios y más tiempo de internación coloca al paciente a mayor tiempo de exposición a factores de riesgo hospitalarios, eventos adversos, accidentes, morbilidad y mortalidad evitable.
La medicina a la defensiva es contraria a la ética médica desde el momento que desplaza el foco de atención del paciente hacia el médico y cercena derechos a los pacientes para privilegiar los propios del médico.
La medicina a la defensiva en lugar de buscar el cumplimiento del propósito del servicio que se debe ofrecer resta beneficios al paciente para disminuir los riesgos hipotéticos del médico.
Esto basa la relación médico paciente en clave de desconfianza en lugar de crear confianza basada en la transferencia de propuestas de valor.
Al violar derechos del paciente la medicina a la defensiva se convierte en una conducta y hábito que lesiona la ética médica.
Los efectos que la medicina a la defensiva generan en las empresas de salud son: ineficiencias, procesos asistenciales de baja calidad, aumentar los costos de la no calidad, destruye valor para el paciente, tiene altos costos de gestión, perpetua la desconfianza entre médico y paciente, percepción de servicios innecesarios por parte del paciente, aumento diseconomico de la información creando incertidumbre, errores médicos y eventos adversos en aumento, incremento del riesgo para el paciente, aumento de la internación familiar, elevación de costos para el Estado por licencias médicas, ausentismo laboral en empresas no sanitarias.
En el Derecho comparado la medicina a la defensiva es considerada como una forma de mala praxis administrativa del médico por el daño que provoca al patrimonio físico y económico de las empresas de salud.
La mala praxis administrativa también significa la responsabilidad médica en el cuidado de los recursos materiales y tecnológicos que las empresas gestionan y ponen a su alcance.Es una extensión del principio jurídico de no hacer daño.
La mala praxis administrativa se configura por la imprudencia en el uso de los recursos, la impericia en el conocimiento del impacto económico y en el costo de oportunidad que significa para otros pacientes, y la negligencia en la creación de costos de autoinducidos tan innecesarios como riesgosos para la salud de los pacientes.
En 30 años de medicina a la defensiva no ha habido un solo gesto de preocupación o un llamado a la reflexión desde dentro de la comunidad médica o desde el entorno de la salud.
La academia ha sido omisa, las sociedades científicas cómplices, las organizaciones gremiales interpelables, la autoridad sanitaria inactiva, las empresas de salud sin respuesta y sin ideas para gestionar está forma de práctica profesional; la sociedad civil organizada sin acciones ni interés, la OMS sin políticas ni lineas directrices, la industria proveedora es la que celebra pues la medicina a la defensiva es una modalidad que induce más flujos de bienes y más ganancias.
Cómo es posible, cómo se puede concebir un cambio hacia una medicina de calidad, segura, humanizada, eficiente  y de excelencia si desde el vamos no se privilegian los derechos de los pacientes y en el día a día se generan costos incrementales sin control ni gestión?
La medicina a la defensiva tiene su corrección en la medicina asertiva que toma el concepto de asertividad del cuerpo de conocimiento de la gestión de la comunicación.
La asertividad es la comunicación basada en confianza en el derecho de las dos partes y en el entendimiento y comprensión, la capacitación en comunicación asertiva sería una gran contribución pero tendrá la fuerte e irracional resistencia de las corporaciones médicas.
En suma, todos somos culpables de este fenómeno por ser permisivos, inactivos, inertes, auspiciantes, promotores, omisos en privilegiar los derechos de los pacientes y desinteresados en el lugar que ocupa el paciente en el sistema de salud.
Dr Gustavo Ribero Lavie
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