Editorial

El Gasto en Salud

El perfil demográfico y epidemiológico de la población junto con sus hábitos de vida y el tipo de organización socio política del país determina el gasto per cápita en salud. Este gasto describe en todos los sistemas de salud comparados una curva de crecimiento sostenido a lo largo de las últimas décadas y se explica por los movimientos demográficos,  natalidad y mortalidad, inmigraciones, emigraciones y nivel de industrialización del país.

El envejecimiento de la población, viene asociado a la prevalencia e incidencia de enfermedades crónicas. La calidad del gasto expresa la modalidad de gestión de los sistemas de salud,  la forma como la comunidad define la salud, incidiendo mucho el modelo centralista y hospitalista de alto costo (hospitales radares). El gasto en salud expresa la forma cómo los gobiernos pagan a las empresas prestadoras  por los servicios que ofrecen a la población. El gasto sanitario también está relacionado con la eficacia y equidad del pago por objetivos entre el sector publico y privado. Otras causas son la aparición de nuevas enfermedades, incidencia de enfermedades re-emergentes y el aumento de la demanda de los usuarios.

Todos estos son algunos de los más relevantes factores que inciden en el aumento del gasto per cápita en salud. Es interesante que el aumento sostenido del PBI es seguido casi que en paralelo por un aumento sostenido del gasto en salud, lo cual es una buena noticia para el sistema de salud dado que nos está demostrando que el Estado está invirtiendo de manera continua  en servicios para mejorar la expectativa y la calidad de  vida de la población.

Otros factores que inciden en el aumento sostenido del gasto per cápita en salud son el ejercicio de la medicina a la defensiva la cual genera sobreprestaciones continuas y generación de productos de apoyo generalmente innecesarios y en exceso lo que aumentan los costos indirectos asociados a la producción sanitaria.

El problema no es lo que los gobiernos gastan o invierten en salud, sino cómo distribuyen los recursos según cómo sea la definición de la salud, si la salud es definida como la ausencia de enfermedad o es definida como el control de la exposición  a factores de riesgo ambientales, así como la estrategia y tipología  de todo el sistema de salud. 

Invertir en la  recuperación de la salud es un enfoque anti sistémico y poco integral y no brinda calidad de vida a la población, mientras que invertir en la promoción de salud es dirigir recursos en aras de conseguir una mejor expectativa de vida de la población. El otro problema  es dónde realizar el corte histórico entre los resultados sanitarios de un sistema asistencialista y los de un sistema sanitario orientado a la educación y promoción de salud. Esa inequidad histórica es propia del cambio de enfoque en un momento dado en la línea del tiempo.

El mejor enfoque para los sistemas universalistas es invertir en la salud de las nuevas generaciones y sostener la carga epidemiológica de las anteriores. La clave del gasto es retrasar al máximo el período de transición salud a enfermedad y que las enfermedades crónicas tengan su aparición lo más tardíamente posible  para que su duración y su financiamiento sean más cortos y menos costosos.  De ahí que invertir en la disminución de la pobreza y de la mortalidad infantil, la enseñanza y la creación de oportunidades de trabajo sean las políticas más sustentables de  los gobiernos y  de los sistemas de salud.

Gustavo Ribero CI 1579045-2

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